El mobbing o acoso laboral no es infrecuente, mucho menos en una sociedad en la que la competitividad es enorme a todos los niveles. Esta práctica está tipificada y sancionada, sin embargo, la víctima suele chocar con un importante escollo: la necesidad de aportar pruebas que avalen su denuncia. No siempre es sencillo, por eso, el papel del detective puede ser fundamental para inclinar la balanza hacia su lado.

Es el Código Penal el que aporta la definición de lo que sería el mobbing. En su artículo 173 señala que “serán castigados los que, en el ámbito de cualquier relación laboral o funcionarial y prevaliéndose de su relación de superioridad, realicen contra otro de forma reiterada actos hostiles o humillantes que, sin llegar a constituir trato degradante, supongan grave acoso contra la víctima”.

La necesidad de contar con el apoyo de un detective radica en que el mobbing es un tipo de violencia invisible, porque habitualmente es de carácter psicológico. Son, además, comportamientos que en muchas ocasiones generan indiferencia en el entorno laboral, donde es más fácil mirar hacia otro lado. De ahí que también suele ser muy complicado recabar pruebas y conseguir testimonios que apoyen la denuncia de la víctima.

Cómo puede ayudar un detective

En una situación de enorme estrés, como es el mobbing, es difícil que la víctima sepa cómo actuar, aunque cuente con asesoramiento legal. Ante una inspección o un tribunal deberá aportar pruebas incriminatorias que no dejen lugar a dudas. Un detective cuenta con todas las herramientas que la víctima necesita para poder apoyar su denuncia.

Por un lado, el detective posee conocimientos sobre mobbing que le permiten determinar qué tipo de acoso laboral está sufriendo la persona, ya que puede ser de diferente tipo y diferente grado. Y también está capacitado para distinguir acciones, comportamientos y detalles que no siempre se relacionan con el acoso, pero que también son parte de él.

Con esa formación específica en mobbing, el detective puede enseñar a la víctima que lo sufre a identificar y aislar todos los factores y todas las acciones que implican acoso con el objetivo de recabar pruebas que lo demuestren.

En algunos casos, incluso, un detective ayuda a su obtención mostrando a la víctima cómo emplear dispositivos ocultos que permitan registrar estas humillaciones o ataques. Cualquier prueba es importante para demostrar que se sufre mobbing.

Pero a veces es bastante más sencillo y basta con bucear en redes sociales o foros abiertos para detectar comentarios y burlas hacia el trabajador que también pueden ser constitutivas de ese delito tipificado. Un detective está capacitado para rastrear Internet en busca de esos rumores, injurias o comentarios maliciosos que son inherentes al mobbing.

Todo ello, unido a informes médicos o psicológicos, a partes de baja a denuncias previas o a testigos si fuera posible conseguirlos, serán pruebas irrefutables para demostrar que, efectivamente, la persona sufre mobbing.

¿Qué ocurre en casos más complejos?

Cada caso de mobbing es diferente, los son las víctimas, los agresores y el entorno laboral, por lo que la investigación de detective también debe serlo. En casos especialmente complicados o con consecuencias más severas, cabe incluso la posibilidad de que el profesional se infiltre de alguna manera en la empresa. No es sencillo, pero bien como cliente, como proveedor, etc puede obtener información valiosa.

El detective puede, así, convertirse en pieza fundamental para determinar que existe un comportamiento de acoso laboral hacia un empleado. No solo por las pruebas y testimonios que se puedan llegar a reunir y presentar ante un juez, sino porque los informes redactados por el detective también pueden considerarse con prueba de tipo testifical documentada y usarse como tal en un procedimiento judicial.