Detectives y cámaras de vigilancia contra hurtos internos

La merma de la caja de un bar no siempre va ligada a la crisis actual. O por lo menos no toda la merma. Y si no que se lo pregunten al propietario de una céntrica cafetería de Palma que veía como la recaudación diaria era cada vez menor. Y empezaron a surgir las sospechas.

detective investigar robosFelipe (nombre ficticio) contactó con nuestra agencia de detectives en Mallorca porque estaba convencido de que alguno/a de sus empleados/as metía mano en la caja. Y lo hacía tan bien que solo tenía sospechas pero no encontraba el agujero por donde se perdían los billetes. Todo ello le estaba provocando un problema económico importante hasta el punto de tener dificultades para pagar las nóminas mensuales. Y como valor añadido una ansiedad que le cortaba el sueño.

Con todo ello, Felipe contactó con Detectib y nos contó sus sospechas. Una noche, una vez cerrada la cafetería, exploramos el local concienzudamente buscando los mejores lugares para poder instalar microcámaras que permitieran grabar los hurtos (si los había) sin despertar sospechas. Hecho el estudio, un domingo los técnicos de detectib procedieron a instalar las cámaras.

El trabajo, no exento de dificultades técnicas y logísticas terminó seis horas después con la confianza de que íbamos a “pillar” al ladrón si es que existía. Las cámaras grabaron las 24 horas durante unos días hasta que decidimos ver los vídeos. Eran muchas horas para ver pero mantuvimos los ojos bien abiertos. Cada vez que alguien se acercaba a la caja, nuestros cinco sentidos se convertían en diez. Y de pronto….. ¡Bingo!

Ahí estaba el camarero infiel metiendo mano sin pudor alguno. No solo a la caja sino también al bote que tenia que repartir entre los compañeros. De acuerdo con los comercializadores del software de la caja registradora habíamos puesto unas pequeñas “trampas” con el que conseguimos probar que lo restado de la recaudación se correspondía con lo que se embolsaba de la caja y se podía ver en los vídeos. Con todo ello, se cito al susodicho y, aunque al principio quiso hacernos dudar, terminó por declarar y pedir perdón por ello. No hace falta decir que fue despedido fulminantemente.