Detectives privados a debate: Ley de Seguridad Privada

Nuestro director, Juan Carlos Delgado, investigador y criminólogo por la Universidad de Salamanca, ha redactado una carta abierta a todo el sector tratando uno de los debates que actualmente hay sobre la mesa. A punto de aprobarse el nuevo el reglamento de la Ley de Seguridad Privada en la que se incluyen a los detectives e investigadores privados, ahora es un buen momento para parar y reflexionar hacia dónde va nuestra profesión y cuál es la mejor forma de servir a nuestros clientes y a la sociedad en general.

 

Detectives Ley Seguridad Privada

Me llama la atención como, lejos de desterrar los tópicos que nos estigmatizan a los detectives privados, todavía hay compañeros, por lo general de la vieja escuela, que mantienen y alimentan ese halo de misterio que ha rodeado siempre la labor del detective privado, sobre todo en series de tv y películas de cine negro, equiparándonos a los agentes de servicios de inteligencia que se juegan la vida en misiones imposibles.

En lugar de dedicarnos a destacar y anunciar la labor social que ejercemos como, por ejemplo, persiguiendo el fraude laboral, ayudando a encontrar a personas desaparecidas, aportando pruebas a abogados para que puedan ganar sus juicios o desenmarañando las complicadas estrategias financieras de algunos para no tener que pagar impuestos, todavía hay quien prefiere mantener despachos con decenas de brillantes placas, metopas, tricornios, gorras de plato y hasta pistolas inutilizadas como si alguna vez se nos hubiera permitido portarlas.

En los recónditos despachos policiales del departamento de Seguridad Privada se nos tiene catalogados como a potenciales delincuentes.

El daño que para la profesión hace este tipo de personajes es de tal calibre que probablemente calculo que destino en torno a un 20 % de mi tiempo a desmentir tópicos, no solo a amigos y conocidos en eternas sobremesas monopolizadas por la actividad de mi profesión sino incluso a policías y guardias civiles con los que trato laboralmente y que no tienen ni idea de lo que realmente hacemos en nuestras largas jornadas laborales.

Algún personajillo de licencia milypico que nunca pisó la Universidad pero que se jacta de ello como el que más, me confesó en cierta ocasión que ligaba mucho más cuando decía que era detective privado. Y me lo creo. Pero para el día a día de la profesión, ligar más no nos va a suponer un mayor y mejor negocio.

En breve saldrá el reglamento de la ley de seguridad privada 5/2014 en la que estamos incluidos los detectives privados y no se porqué, me parece a mí, que ese marchamo de espía que nos persigue, nos va a seguir acompañando a la hora de tener que presentar nuestras investigaciones y los nombres de nuestros clientes a los funcionarios policiales como así ha sido hasta ahora.

No darnos cuenta de la importancia del asociacionismo es peor incluso que mantener el halo de espía.

Estoy seguro de que en los recónditos despachos policiales del departamento de Seguridad Privada se nos tiene catalogados como a potenciales delincuentes a los que si no se nos vigila de cerca seremos capaces de vulnerar la intimidad de los ciudadanos colocando micrófonos y microcámaras a diestro y siniestro para conocer sus actividades privadas.

Sinceramente, no me imagino a funcionarios de la Seguridad Social inspeccionando las clínicas privadas para saber a cuantos pacientes han tratado y de que dolencias, pero en nuestra profesión seguimos teniendo que rendir cuentas al Estado de nuestra actividad privada bajo la amenaza de elevadas sanciones administrativas que den al traste con nuestro esfuerzo y con nuestra inversión.

En España hay ahora casi 2000 licencias en activo de detectives privados. A pesar de ser tan pocos, hay varias asociaciones nacionales y tres colegios profesionales. Muchos compañeros ni siquiera están colegiados aunque la ley obliga en aquellos lugares en donde existe un colegio profesional. Mantener dividido un colectivo es la mejor estrategia que el Estado, en este caso, puede sostener para evitar problemas de oposición a sus imposiciones. No darnos cuenta de la importancia del asociacionismo es peor incluso que mantener el halo de espía aunque quizá uno termine canibalizando al otro. ¿Quién ganará?”.

Juan Carlos Delgado, Licencia Ministerio del Interior nº2737